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Aferrándose a su tierra y con los últimos suspiros

Aferrándose a su tierra y con los últimos suspiros un viejísimo árbol me dijo: "Los árboles viejos, dan mejores frutos, se aferran a su tierra, porque todo se va, y sólo quedaran los frutos que alcanzaron el amanecer."

sábado, 22 de mayo de 2010

Como novia fea esperando a “Cochise”


La lluvia duró más que un Tour de Francia. Aparentemente era un día triste, el cielo estaba muy encapotado, nubes grises, tan grises como el color de las carreteras que el campeón recorrió durante más de 20 años y que sigue corriendo. El martes 13 de abril me concedió la entrevista. A las tres de la tarde. “Conoceré más de cerca a una persona ejemplar en su disciplina”, pienso; ese día hablé con él, en el escenario que goza con su distinguido nombre, el Velódromo Martín Emilio “Cochise” Rodríguez.

El martes 13, me levanté de costumbre a las 4:45 am, para ir a clase de seis; Ese día había parcial en la mañana y en la noche.

En las horas de la mañana leí una crónica para relajarme, porque estaba un poco tensionado, nervioso, tenía las manos muy frías y temblaban; Por enésima vez revisé la información que tenía, mirando y haciendo cuentas con las fechas caí en la cuenta, de que fui afortunado, porque al día siguiente 14 de abril, “Don Cochise” cumplía 68 años, es modelo 42´.

¿Qué le puedo obsequiar a un personaje tan importante?

Faltaban cinco horas para la entrevista, pensé más de una hora ¿Qué le regalo a un ciclista? Pero no era cualquier ciclista, es la leyenda viviente del ciclismo en Latinoamérica, es el deportista del siglo XX en Colombia; me volvía la presión y los nervios de entrevistar mi primer personaje, tan significativo en Medellín, en Antioquia, en Colombia, en Latinoamérica e incluso a nivel mundial, por el record que se registro en el campeonato mundial de los 4 mil metros persecución individual en Italia, también la hora para aficionados en México con una distancia recorrida de 47.553 kilómetros. “No sé si vuelva a tener la fortuna de entrevistar a alguien tan reconocido que le aporte tanto a la sociedad y a mí.” Reflexioné.

Faltando tres horas para la entrevista me dirigí hacia el punto de encuentro, el Velódromo Martín Emilio “Cochise” Rodríguez. Queda a veinte minutos caminando de la Universidad Católica Luís Amigó. En el camino intenté relajarme mirando lo que había alrededor mientras caminaba.

Observando me encontré con flores de color morado, blancas, rojas y otras de color amarillo que rodeaban la fuente, en toda la esquina de la 70 con la calle Colombia; En la esquina cerca del semáforo hay una pantalla digital grande de unos dos metros de alto por cinco de largo, es una pantalla de publicidad que periódicamente mostraba la hora y el clima del día en la ciudad; eran las 12:05 minutos y pronosticaba lluvias en el transcurso de la tarde.

Pero las flores no me daban buena señal del obsequio que le quería hacer a Don Cochise y ni modo de regalarle un ramo de flores, “no ni de vainas”; se me ocurrió buscar una bicicleta hecha en alambres o en aluminio como las hacía un amigo del colegio, lo llamé al celular pero no contestó. Por falta de tiempo descarté esa opción, “me imagino que Cochise debe tener muchas bicicletas, de muchas formas y tamaños, mejor sigo caminando.”

Seguí caminando y vi a unos viejitos de la tercera edad tomándose fotos. Mi cerebro rebobinó, hacía tres semanas me habría tomado una foto con “Cochise” y otros amigos, podría darle la foto. Intenté ponerme en los zapatos de él, quizá le guste. Busqué un café internet, porque la foto la subí en el Facebook, pienso que esa es un de las ventajas del Facebook que si necesito una foto mía, y donde esté, busco un lugar donde tengan internet y la bajo fácil, espero haber quedado bien en la foto.

En el café internet me dijeron que solo se puede imprimir en blanco y negro; tenía que decidir porque el tiempo pasaba y mi suerte no podía ser peor; el problema era que días antes de la foto me había negreado, quemado, bronceado y entonces en la foto aparecería mas negrito de lo que soy y la foto blanco y negro, con peor suerte no se podía contar, menos mal existe la tecnología edite la foto para verme mas clarito para definir tan siquiera donde quedaban mis ojos.

Con la foto lista seguí mi camino, miré el reloj y faltaba dos horas, creo que me entretuve mucho en el computador. En el extremo de la cuadra queda el Centro Comercial Obelisco, decidí entrar y buscar una tienda de chocolates y si es posible, encontrar una chocolatina con forma de bicicleta. Recorrí la mitad del centro comercial y nada, quise buscar otros quince minutos más, faltaba hora y media para la entrevista, “mejor me apuro” pensé y buscar la salida para dirigirme hacia el velódromo.

Llegando a una de las salidas del centro comercial encontré por casualidad la tienda de chocolates, había por todos lados, grandes, pequeños, en forma de balón, de luna, de estrellas, de conejos, y dije este es el lugar.

-Buenas ¿vende chocolates en forma e bicicleta?
- No.

Empezando a lloviznar estoy a tan solo diez minutos a pie del velódromo, apuro el paso, porque no quiero llegar mojado a mi primera entrevista importante, llegaré temprano como le tenía previsto.

“Esperando como novia fea, vestida y arreglada, cuando la dejan plantada”

Estoy en la entrada del velódromo, pero hace rato no como nada, me dirijo al frente, al INDER, allí hay una buena cafetería, al comprar, prefiero salir en vez de quedarme adentro, salgo y debajo de un árbol grande me siento a comer, lo bueno es que la naturaleza me relaja y se sentía los pájaros cantar, había mucho silencio, lo único que empezó a sonar fueron como las goteras, caían al suelo.

Llegué a la desolada cafetería del velódromo, estaba cerrada, desde allí observé el panorama, es fascinante teniendo al fondo las montañas, lo bueno es que así lloviera fuerte y con granizos, no nos mojaríamos, había buena luz, pero lo malo era que se escucha como si estuviéramos en la mitad de una avenida.

En la vacía cafetería había mesas y sillas, las ubico en un sitio estratégico y me siento en el puesto de él analizando cuando le haga las preguntas, cuáles son los ángulos de visón que tiene, que va a estar observando, al frente, al lado, arriba o abajo, si le pregunto por la mamá, por el papá que murió a los quince días de él haber nacido, por su familia, por su carrera, por sus dificultades, por el amor, es saber a dónde y qué va a mirar, si se de mora en contestar o si los ojos se encharcan por un recordar, todo esto es para saber el momento, la situación emocional y su reacción.

Al frente de la cafetería estaban todavía las 15 banderas de los países suramericanos y la de Antioquia, que eran los participantes de los IX Juegos Suramericanos Medellín 2010.

Terminé de comer y faltaban veinte minutos para las tres de la tarde. Empezó a llover, tenía la foto y se me ocurrió escribirle algo por detrás, por sus 68 años, en agradecimiento por conceder la entrevista, le escribí en toda la hoja. Miré la hora y eran la tres en punto, guardé todo y saqué lo que necesitaba, lápiz, agenda, celular para mirar la hora discretamente y la grabadora que hace poco me la había obsequiado mi papá, la había utilizado varias veces durante los IX Juegos Suramericanos Medellín 2010, pero hoy le llegó el día "D".

No paraba de llover, el día estuvo triste y “Don Cochise” no llegaba, pensé que no iba a venir, que por la casa de él estaba lloviendo muy duro, me sentía como "novia fea cuando la dejan plantada," preocupado miraba la hora y pensando "él va venir, él es un hombre de palabra" eran las tres y diez minutos, dejé las películas a un lado y mejor lo llamé para confirmar o aplazar la entrevista, había que entender que es un personaje importante y es muy probable que se le presentara algo.

-Haló, Don Cochise, habla con Jhon Stuar.
-Él de la entrevista...
-Sí señor, yo ya estoy acá, es para confirmar... ¿usted sí va a venir?
-Sí claro, ni más faltaba, es que me quedé en un taco.
-Por acá está lloviendo.
-Espéreme que en cinco minutos llego.
-Bueno señor acá lo espero.

Son las tres y veinte de la tarde, las oscuras nubes siguen ahí sin moverse, como si estuvieran cuidando algo, continúa lloviendo. Al otro extremo del velódromo vi a alguien corriendo, como un viejo extenuado de la vida; me paró, él se detiene y me saluda alzando su brazo derecho, sentí un alivio porque al menos llegó, tarde, pero llegó, él siguió corriendo, aproximadamente corrió 90 o 80 metros para no mojarse o para recortar tiempo como en las carreras y lograr el record.

Don Martín Emilio “Cochise” Rodríguez, carente de pelo, arrugas en el rostro, pues los 68 años no le pasaron de largo, de camiseta azul clara y pantalón beis, llega un poco mojado y fatigado, me saluda y se sienta.

Es un hombre lleno de valores tradicionales, María Cristina Correa, es la mujer con la que Cochise comparte su vida hace más de 30 años. Ha tenido tantas amigas como su edad y hasta más, es de gran temperamento, es un “mamador de gallo” simpático y tiene una risa contagiosa, es un referente para las nuevas promesas del ciclismo que salen día a día en su bicicleta.

Empecé a hacerle las preguntas, sentí que es muy buena persona, abierta, es como un barco que si medio lo empujas, se te va. Al preguntarle respondía claramente; en la mitad de la entrevista dejó de llover pero el sonido ambiental era molesto el sonido de las motos, el de los carros y cuando pasaban por los charcos era lo más fastidioso.

Me contó que su mamá, Gertrudis, murió hace 4 años “era una mujer muy activa”; Cochise dice: No me arrepiento de haber hecho lo que hice aunque no tenga plata. Aunque un bobo cariado mata la mamá, por eso fui concejal, me dijeron vea para que me ayude, pero a mí me gustó porque a mucha gente le ayudé. Sinceramente Por ser concejal lo respetaban y por ser Cochise me querían, entonces tuve la facilidad de ayudar a muchas personas, en hospitales, en conseguir trabajos, en muchas ocasiones me sentí muy bien por ayudar a las personas sin interés alguno, no saque provecho, ni ventaja alguna de mi cargo.

En su época todo era ciclismo los niños jugaban la vuelta Colombia con las tapas, los jóvenes apostaban, todo giraba sobre el ciclismo y “yo no me explico que paso”
¿Por qué el ciclismo hoy no tiene la trascendencia de su época? ¿Por qué se perdió?

“Lo que pasó es que el ciclismo perdió los lideres, en mi época la gente era pendientes de sus líderes, de "Cochise", "el Ñato Suarez", "Antonio Niño", entre otros. Hace más de 20 años me retiré y Cochise sigue figurando, Pelé sigue figurando, entonces los lideres creamos ese mito, esa afición, esa pasión y como ya no hay lideres, aunque Santiago Botero es líder pero no tan trascendental, entonces por eso, falta figuras".

¿Por qué se retiró?

“Porque, uno debe saber cuándo le llega su tiempo, cuándo le llega su cuarto de hora, la carrera de todo deportista es efímera."

La entrevista duró 90 minutos, conociendo y aprendiendo de un gran maestro, que me deja varias frases en mi cabeza; a Cochise lo invitan para dar charlas sobre su exitosa vida, su disciplina y su prudencia esto es lo que más lo destaca y lo que lo hizo grande, además, se lo trasmite a otros deportistas y a varios equipos de fútbol.

Según Cochise tiene dos frases que no la han aceptado mucho en Colombia:
“La gente en Colombia se muere más de envidia, que de cáncer”
“Colombia país de maravillas... desastrosas”


Al terminar la entrevista, Cochise se paró y se despidió cordialmente, yo quedé contento y valió la pena todo, ahora a reflexionar y corregir. Eran las cuatro y cuarenta y cinco, la tarde estaba triste, caía una leve llovizna, tenía que volver a la universidad para terminar el día con clase seis de la tarde y llegar temprano al parcial. Lo mejor del día fue después de las tres de la tarde, fue el tan esperado momento de conocer más de cerca a "Don Cochise" uno de los mejores ciclistas que ha dado Antioquia, que ha dado Colombia al mundo.





POR
: Jhon Stuar Pérez GuzmánMedellín 21 de Abril de 2010

1 comentario:

  1. Muy buena crónica, espero ver la segunda entrega con la entrevista completa. Un abrazo.

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