El viento escrito para oír
La vida en el campo, es aprender a valorarlo; ¿a quién le gusta que lo saquen de su hábitat? Como el primate que es arrebatado de su familia, los leones que son apartados de la manada o como las flores y rosas que son cortadas para alimentar la hipocresía o quizá expresar un amor orientado a la inocencia.
En el campo se escucha, se ve y siente como pasa el viento que lleva ilusiones y trae recuerdos. Ese viento que nunca oíste pasar, que pasó y que pasará.
Con los ojos cerrados, Alberto Caeiro da Silva respeta el viento mira el mundo y está de acuerdo.
Caeiro da Silva crea y recrea la poesía, al momento de escribir sus pensamientos y sensaciones, toda la paz de la naturaleza viene hacía él.
El mundo no se hiso para pensar, se hiso para estar de acuerdo. Así es el mundo de Caeiro rodeado de naturaleza tranquila, fresca y con mucha vida.
Los árboles y las plantas le hacen compañía; el sol, el agua y la luna le aseguran que hay suficiente metafísica para no pensar nada.
La vida es una razón que se profesa, no ha de ser más verdadera que todo cuanto a los filósofos piensan y todo cuantas las religiones enseñan.
La poesía de Caeiro se concibe en el ser, en el alma. Al leer su poesía se percibe su presencia; él en el momento de escribirla pensaba en transmitir todas sus ideas y su energía apreciando en el momento de ser y no estar.
Por eso él dice empezando su obra, en el Guardador de Rebaños “Mi alma es como mi pastor”.
Por: JhONStupeguz
No hay comentarios:
Publicar un comentario